RESEÑA LA MUERTE DE LAS LENGUAS DE DAVID CRYSTAL
Es difícil imaginarse en la situación de ser el último hablante de tu idioma para quienes nuestra lengua materna es mundialmente hablada y lleva siglos siendo así. Conjeturar el fin del inglés o el español nos evoca necesariamente escenarios apocalípticos o futuros que percibimos extremadamente lejanos. Por eso, descubrir que cada dos semanas mueren una lengua nos ubica en la escalofriante realidad que viven miles de comunidades repartidas por el globo. Esto es lo que pretende -y consigue- David Crystal en su libro La muerte de las lenguas, el cual remueve algo dentro de nosotros ante el espeluznante pronóstico de la desaparición de la mitad de las lenguas que existen a finales de siglo.
La
muerte de las lenguas es un ensayo divulgativo lingüístico,
parte de la colección de lingüística de la editorial Cambridge University Press.
Su autor, a quien ya introducíamos antes, David Crystal, es un reconocido
lingüista inglés. Entró en la University College de Londres en 1959, donde
estudió Filología inglesa, especializándose en Lingüística inglesa. Es profesor
emérito de Lingüística en la universidad donde comenzó su carrera, la Bangor
University. Además, ha sido profesor en la universidad de Reading y presidente
de Crystal Reference Systems Limited. No solo eso, también ha publicado
unos 100 libros además de numerosos artículos. Actualmente se ha retirado de la
enseñanza, pero continúa trabajando como escritor, conferenciante y
comentarista. También ha colaborado en prensa, radio y televisión como
consultor, presentador y divulgador (Crystal, 2020).
Pese
a ser una autoridad por sí mismo, el autor no solo se vale de sus argumentos,
sino que La muerte de las lenguas es un compendio de voces de diferentes
especialistas reputados de las distintas ramas de la lingüística, todas
enfocadas y preocupadas por el mismo problema: la desaparición de la diversidad
lingüística de nuestro mundo a un ritmo sin precedentes.
Antes
de exponer los argumentos principales que aborda el libro para comentarlos, es
necesario preguntarse por qué decide Crystal escribir un libro divulgativo sobre
la muerte de las lenguas y qué lleva al autor a decidirse por publicar su
ensayo en el año 2000.
Debemos
remontarnos al último cuarto del siglo XX, momento en que algunas ramas de la
lingüística -como la etnolingüística- empiezan a advertir el problema. Tras la
paulatina llamada de atención sobre este hecho y con mayores datos que lo
corroboren, en los años 90 empieza la lucha por la sostenibilidad lingüística.
Debido a ello, Crystal decide empezar su prefacio recordando el Congreso
Internacional de Lingüística de Quebec de 1992, como punto de inicio para las
medidas que se tomarían a continuación, en 1993 (Proyecto de Lenguas en Peligro
de la UNESCO) y 1995 (apertura de instituciones para la defensa de las lenguas
amenazadas). Es decir, nos encontramos en un contexto de urgencia dentro de la
disciplina, provocando acciones de movilización por parte de los investigadores
de todo el mundo. Aun así, Crystal opina que los esfuerzos por la preservación
de las lenguas no debe ser una preocupación única de la lingüística sino de la
opinión pública, incluyendo a gobiernos y empresas. Debido a ello escribe este
libro, como continuación del contexto de preocupación de los especialistas,
ampliando esta hacia los estratos sociales no académicos.
Luego
el objetivo es generar en el gran público el mismo sentimiento de urgencia que
vive el mundo académico a través de las preguntas ¿qué es la muerte de las
lenguas? (capítulo primero), ¿por qué debería preocuparnos? (capítulo
segundo) y ¿por qué mueren las lenguas? (capítulo tercero). No solo eso,
sino que esta preocupación se traduzca en acciones reales a las que los
académicos no pueden llegar por su cuenta.
No
obstante, podemos apreciar otra motivación más detrás de la obra de Crystal.
Puede que no venga anunciada explícitamente, pero en todo el ensayo puede
apreciarse un intento por aglutinar, sistematizar y evaluar el trabajo que ya
viene realizándose. Es decir, a pesar de ser un texto primordialmente
divulgativo, también sirve como síntesis del trabajo de cientos de especialistas
y como “guía” de acción para los propios profesionales sobre cómo deberían
abordar el problema. Así, vemos como las preguntas de los tres primeros
capítulos estarían enfocadas al gran público, mientras que las preguntas del
cuarto y el quinto, ¿por dónde empezar? y ¿qué puede hacerse?, sirven
al público para entender los retos, pero sobre todo son de ayuda para los lingüistas
e instituciones sobre cómo enfrentar la cuestión.
Ahora
bien, ¿qué argumentos ofrece Crystal en La muerte de las lenguas? Como
ya hemos visto, el autor trata de responder cada una de las preguntas
anteriores en cinco capítulos.
Para
responder el qué, primero hace una estimación de lenguas para
analizar la envergadura del problema. Es una tarea complicada, pero podemos
estimar unas 6000 lenguas. Como en cualquier ciencia, los datos significativos
son los relativos, ya que estos nos permiten establecer los criterios y rangos
de riesgo de las lenguas siendo todo lo realistas posible. Otro punto
importante de este capítulo es entender que las lenguas cambian y se
transforman constantemente, estén o no amenazadas, pero en el caso de las que lo
están, los cambios se suceden rápida y drásticamente, llevando a un estado de
decadencia.
En el por
qué preocuparnos, Crystal tumba tanto la falacia económica como la del entendimiento
del monolingüismo. No solo eso, sino que aporta cinco razones sólidas para la
preocupación. Brevemente, estas son: la necesidad de la diversidad (ecología
lingüística), la lengua como transmisora de la historia, la identidad y el
conocimiento humano, y el interés que la propia lengua puede suscitar para el
campo de la lingüística.
Respecto
del por qué mueren, el autor advierte que no es un proceso unicausal.
Para empezar es difícil comparar con otros procesos de desaparición de lenguas
en el pasado por la falta de documentación, pero todo apunta a que nunca había
ocurrido tan rápido. Además, el autor ahonda en las amenazas físicas y
culturales que llevan a las lenguas a esta situación. Un proceso interesante
que describe el autor es la paulatina marcha hacia la lengua dominante y los
motivos de prestigio y necesidad que hay detrás.
Para
contestar a por dónde empezar, Crystal dice que hay que establecer
prioridades. Estas son el marco teórico, la financiación y procurar un cambio
de mentalidad en todos los niveles. El capítulo continúa con problemas muy
complejos, como la necesidad de informar de las consecuencias a la población de
abandonar su lengua, combatir la ignorancia lingüística, las tensiones de todo
tipo (políticas, económicas, generacionales…) y la necesidad de prestigio de las
lenguas. Otro gran problema es el del purismo lingüístico y el de la
autenticidad de la lengua. Por último, el autor se posiciona y afirma que las
medidas más acuciantes son las de la preservación de la cultura como medio vital
de la lengua.
Por
último, sobre el qué puede hacerse, vemos que hay atisbos de esperanza
por algunos ejemplos de revitalización e incluso resurrección de algunas
lenguas, aunque son procesos incipientes. En cualquier caso, hay seis factores
a tener en cuenta para poder implantar medidas adecuadas. Estos son: el
prestigio del que goza la lengua para sus hablantes, su bienestar respecto de
la lengua dominante, su poder legítimo reconocido desde la lengua dominante, la
implantación de un sistema educativo adecuado (tanto para niños como adultos),
la escritura y las tecnologías electrónicas. Otros puntos que aborda el
capítulo igualmente importantes son el papel del lingüista y la necesidad del
trabajo en equipo entre los lingüistas, la comunidad y las instituciones para
la revitalización y conservación de la lengua y las dificultades detrás de esta
tarea.
En
definitiva, podemos extraer que los aspectos claves del libro son: la ecología
lingüística, la igualdad para el bilingüismo sano, la identidad, la cultura, el
prestigio, el legado, el problema de la ignorancia frente a la decisión
informada, las constantes tensiones -de todo tipo- y el problema del dinero y
la asignación de los recursos.
Es
difícil no estar de acuerdo con los distintos puntos del autor. La fácil y didáctica
lectura, las numerosísimas fuentes de las que se nutre o el compromiso y
honestidad que desprende su texto contribuyen a ello. Si puede objetarse algo
es la desactualización del escrito en algunos puntos. Hace más de veinte años
que se publicó y el mundo ha cambiado bastante, sobre todo en los que respecta
a Internet, el cual se menciona únicamente cuatro veces a los largo de las 185
páginas del libro. Es comprensible dado que se redactó antes de la extensión
gigantesca que ha tenido y la aparición de las redes sociales. No obstante, el
texto no ha tenido ninguna edición posterior que amplie el papel de Internet en
la preservación (o destrucción) de las lenguas, un punto clave para entender el
fenómeno a día de hoy.
Aun así, el libro es altamente instructivo y cumple su objetivo primordial, crear conciencia sobre el discreto cataclismo que ocurre ante nuestros ojos y no somos conscientes: la acelerada caída hacia la pérdida de lo que nos hace humanos, de nuestro legado inmaterial, la riqueza de las lenguas.
BIBLIOGRAFÍA
- Crystal, D. (2001). La muerte de las lenguas. Cambridge University Press.
Crystal, D. (2020). Biografía. David
Crystal. https://www.davidcrystal.com/GBR/David-Crystal
Comentarios
Publicar un comentario