5. LECTURA COMPLEMENTARIA: LAS PENAS DEL JOVEN WERTHER
La penas del joven Werther de Goethe es el paradigma de la obra romántica. En su libro, Goethe recoge todos los rasgos que distinguen al movimiento romántico -la angustia ante el desamor y existencial, el recogimiento de la naturaleza como huida de la sociedad, la proyección en personajes heroicos pero también en los marginados, el individualismo...-, no solo eso, también transmite el modelo de hombre romántico. Werther es un intelectual que desprecia el clasismo del que a su vez se beneficia (un liberal), que busca abstraerse de la realidad refugiándose tanto en los poetas de tiempos remotos como en la naturaleza, un hombre que vive sus pasiones sin medida, las mismas que acaban por arrastrarlo a su fin.
De la obra de Goethe podemos destacar tres aspectos claves: la idealización de la amada, la importancia del paisaje y la romantización del suicidio por parte del protagonista. A continuación me centraré en cada uno.
La pura y dulce Carlota
La pasión amorosa de Werther por Carlota es el argumento principal de la obra. Aún habiendo otras subtramas, como el periodo que pasa Werther trabajando para el embajador o la vida y desgracias de algunos de los habitantes del pueblo, es el amor desenfrenado por Carlota el que arrastra a Werther a la decisión fatal de quitarse la vida ante la imposibilidad de 'tenerla'. Carlota se nos describe como un ser adorable sobre el que no recae ninguna mancha. Es dulce, servicial e inteligente, se comporta como una madre con sus hermanos menores a falta de una. Es tan perfecta que resulta irreal incluso.
No hay que olvidar que esta es la visión de Werther, quien la describe y retrata a través de las cartas que dirige a su amigo Guillermo. Que se trate de una novela epistolar es relevante ya que el único punto de vista que se plantea es el de Werther, que, en su calidad de enamorado y romántico, solo puede transmitir esta imagen de Carlota. Únicamente hacia el final del libro observamos que el narrador cambia, siendo el supuesto editor del libro donde se recoge la correspondencia de Werther quien narra el fatal destino del protagonista. Este editor procura ser en todo 'imparcial', aportando detalles precisos como las fechas exactas y 'documentación' que contraste su historia. No solo eso, sino que suprime los nombres de todos los personajes secundarios a fin de mantener su 'anonimato' a lo largo de la obra, igual que el de los lugares y ciertas obras literarias. Esto nos evoca al gusto neoclásico de transmitir las obras de ficción como si se trataran de historias verídicas, algo que también observamos continúa en el realismo como por ejemplo con Marianela de Galdós. Es en este momento en que se humaniza el personaje de Carlota, a quien vemos sufrir ante varios dilemas morales, primero el de obedecer a su esposo y apartar a Werther de su lado y, segundo, contarle a su esposo lo sucedido con Werther o no. No obstante, nunca se la llega a transmitir como una adúltera (Werther es quien la besa a ella), ni se especifica que esté auténticamente enamorada de Werther aunque este crea que sí. Carlota se preocupa por Werther en tanto que lo aprecia, es más, le gustaría no tener que desprenderse de su amistad, pero tras leer toda la intervención de Werther y su obsesión con ella llegamos a pensar y desear que ella también le ame.
Ese deseo de Werther tan puro como la propia Carlota evoluciona a algo enfermizo y oscuro, lo que provoca que llegue a plantearse asesinar a Alberto o a la propia Carlota, terminando por quitarse la vida. Como mimesis del proceso que está sufriendo Werther el autor nos transmite la historia del sirviente que asesina a otro que ronda a su amada o el jardinero que enloqueció también por su obsesión hacia Carlota -esto podría tener otra lectura, donde Carlota sería en realidad malvada o una femme fatale, haciendo con los hombres lo que quiere como Circe, personaje de la Odisea de Homero (curiosamente es el libro que relee Werther)-.
El paisaje como proyección y la naturaleza como refugio
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| "(...)vi desaparecer el valle; vi, en su lugar, un mar rugiente y espumoso, azotado por por el soplo de los huracanes." El caminante sobre el mar de nubes, Caspar David Friedrich, 1818 |
Uno de los motivos principales del texto es la importancia de la naturaleza, la cual adquiere casi entidad de protagonista. Werther encuentra en el campo un lugar donde refugiarse y alejarse del tumulto que genera la ciudad. Esta necesidad del protagonista de desprenderse del ruido social y encontrar un lugar donde ejercer la introspección no es nuevo en la literatura como muestran los tópicos del Locus amoenus y el Beatus ille. Los románticos continúan esta tradición y la adquieren como propia. Podemos observar esto en la pintura, donde el paisaje va adquiriendo una relevancia mayor que la de servir de fondo para la escena. Es más, de esta evolución de la pintura romántica aparece el paisajismo, una corriente dedicada exclusivamente a pintar paisajes.
Como ocurría con Garcilaso, el paisaje acaba por convertirse en una proyección de los sentimientos del protagonista, pasando de las escenas y campos veraniegos y apacibles del principio del libro a la tempestad invernal en la que se sume el valle el momento en que Werther entiende que la única vía posible es el suicidio.
La romantización del suicidio frente a la realidad
Lo último que comentaré es la romantización del suicidio que hace Werther, proceso que crece en tensión a lo largo de todo el libro y que pese a las numerosas anticipaciones sobre lo que va a suceder no deja de impresionar al lector. Werther defiende su postura numerosas veces y de manera abierta ante la condena del resto de personajes. Como buen romántico encuentra en la idea del suicidio la única forma posible de salvar la angustia que siente ante la vida y la imposibilidad de que la realidad le sea favorable según sus deseos. Lo curioso y chocante del texto es que una vez que nos desprendemos de la narración en primera persona y es el 'editor' quien nos transmite la muerte de Werther no hay rastro de esta romantización. Es más, se nos muestra una imagen de extrema crudeza donde un joven agoniza por la herida que se inflige y acaba muriendo sin remedio. No es triunfal ni honorable, no hay resquicio de la vivacidad ni de la determinación que trasladaba Werther en sus cartas, la realidad es otra. La imagen es visceral, aséptica si no fuera porque se nos transmite el dolor de los amigos de Werther. Podría definirse como tajante, es decir, emplea todo el libro segundo para decidirse a suicidarse mientras que una vez muerto en tres páginas se soluciona su entierro.
Al fin y al cabo la vida es así, una vez muerto ya no hay solución, sin embargo, este amargo final deja al lector con mal sabor pese a saber que no había otro final posible, puede que intoxicados del romanticismo de Werther pensásemos que podía ser de otra manera, no obstante, Goethe nos tira un jarro de agua fría para despertar de este ensoñamiento romántico y melancólico. ¿Acaso el autor quiere hacer una crítica a la concepción romántica de la vida? En cualquier caso puede resultar incluso cruel este final, el cual deja una sensación de abatimiento y desencanto no hecha para todos los estómagos.

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