4. EL CASAMIENTO ENGAÑOSO Y EL COLOQUIO DE LOS PERROS: LA NARRACIÓN
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| A friend in need, C.M. Coolidge, 1903. |
Nuestra literatura esta llena de grandes autores, unos, como Quevedo, extraen de las palabras de nuestra lengua todo lo que estas pueden ofrecer; otros, como Lorca, consiguen que nos emocionemos; los hay que son prosistas extraordinarios que construyen personajes y universos únicos, como García Márquez, sin embargo, no hay ninguno salvo Cervantes al que podamos denominar como el maestro de la narración.
El casamiento engañoso y El coloquio de los perros son dos de sus novelas ejemplares, publicadas en 1613, constituyen probablemente uno de los juegos narrativos más excelentes de la literatura del siglo de Oro -no oso decir que el mejor por prudencia-. A través de estas novelas cortas, Cervantes diseña un escenario fantástico que termina por convertirse en una gran sátira de su tiempo. Esta juego de sucesión de narraciones que plantea el autor no deja de ser un reflejo de la realidad misma de la sociedad española de principios del s. XVII. La utilización del recurso de la ficción como espejo y el desencanto con el mundo que sugiere el texto cervantino sitúan al autor fuera del Renacimiento, tratándose del puente entre la España idealista y caballeresca a la España de las apariencias y la picaresca.
El casamiento engañoso nos presenta la historia de un villano burlado por otra villana que acaba igualmente engañada. De mano del primero, Campuzano, nos llega la historia que se desarrolla en El coloquio de los perros, la cual leemos al igual que Peralta (su amigo). Este relato consiste en el coloquio de dos perros filósofos que adquieren una noche sin razón aparente la capacidad del discurso. Berganza, uno de los perros, narra la historia de su vida, haciendo especial hincapíe en el momento en que se encontró con la bruja Cañizares, quien le revela el motivo por el cual en ese momento puedan hablar él y Cipión, el otro perro. No me detendré en los distintos episodios ya que, a pesar de ser una crítica mordaz al poder y a la sociedad coetánea al autor, lo que nos concierne es la narración en sí. Este rocanvolesco relato, medio profético medio sandez, lo narra una bruja a otra bruja a otra bruja, que a su vez se lo narra a un perro que se lu cuenta a otro perro, que acaban transcribiendo un enfermo que a la vez sabemos es un mentiroso, y aún así Cervantes consigue que nos metemos en la historia y nos interesemos por la biografía de un perro.
En reiteradas ocasiones en el texto se llama al lector a creer lo que está leyendo, para que inmediatamente después otro personaje desacredite lo contado. Cervantes juega con esta dualidad, sabemos que es imposible que lo narrado pueda ser verdad, es más, los propios personajes que actúan como narradores generan desconfianza, no obstante, hay otros elementos que siembran la duda como son el cumplimiento de la profecía o la aparente incapacidad de Campuzano de expresarse en el modo que hacen los perros. Es en última instancia el lector el que debe involucrarse y decantarse, o bien ha de creer que Campuzano oyó a los perros y a su vez decidir si creer o no la historia de Berganza y la profecía de la bruja Camacha, o bien todo es una gran quimera que ha escrito Campuzano y que muestra a Peralta para decidirse a escribir su segunda parte -la que sería la vida de Cipión-. Cervantes no resuelve este asunto ni pretende hacerlo.
Este mundo imposible que construye con la concatenación de distintas narraciones es una alegoría de la propia apariencia del mundo, donde todo es susceptible de duda y burla. Así, el sarcasmo y la ironía son las herramientas que usa Cervantes para mostrar las distintas caras de esta realidad absurda y verdadera a la vez, a la que el lector debe, a fin de cuentas, enfrentarse solo.

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