10. PEPITA JIMÉNEZ: LA PARODIA DE LA MÍSTICA
Pepita Jiménez de Juan Varela es una gran parodia de la mística. Varela, a través de un juego de narradores sublime nos relata la de historia dos jóvenes enamorados, Luis y Pepita, y los grandísimos problemas místico-filosóficos que terminan solucionando en una noche.
Luis, un joven novicio hijo de un cacique andaluz, vuelve a su pueblo antes de ordenarse sacerdote para ser misionero. Por otra parte, Pepita, una joven de 20 años, viuda y con una fortuna considerable, es pretendida por el padre de Luis. Poco a poco ambos jóvenes, ambos muy devotos, comienzan a enamorarse. Observamos este proceso gracias a las cartas que manda Luis a su tío el Deán. En estas cartas, vemos como Luis necesita recurrir a los textos clásicos y bíblicos para establecer comparaciones con Pepita y comprender qué le está ocurriendo, entrando crisis al debatirse entre su obligación con Dios y sus sentimientos hacia Pepita. De esta primera parte de la novela son interesantes dos cosas: la primera es la necesidad de referirse a las fuentes que comentaba antes, así vemos como Luis se encuentra determinado por la educación recibida en el seminario; la segunda es la evolución de Luis a la par que sus sentimientos por Pepita. Conforme aumenta su pasión hacia Pepita, él mismo se desliga del papel clerical que ha aprendido a interpretar, aprendiendo nuevas artes propias del cortesano de mano de su padre. En este sentido es relevante que aprenda a montar a caballo después de sentir vergüenza de ir sobre una mula en vez de a caballo mientras que Pepita sí sabe montar.
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| Fotograma película Pepita Jiménez (1975) de Rafael Moreno Alba |
Ya en la segunda parte de la novela, la más interesante a mi juicio, el narrador cambia, siendo una tercera persona quien narra los hechos ocurridos en torno al día de San Juan. Lo que más interés suscita de esta parte es la transformación del personaje de Pepita. Frente a la idealización de esta en las cartas de Luis, vemos a la mujer real, que no aparece perfecta y tiene al fin algo de sangre en las venas. Pepita deja de ser la Donna angelicata para mostrar su emociones y ambiciones, haciendo que podamos empatizar con ella. Varela critica y se ríe de la tendencia a la idealización, como por ejemplo cuando Luis se queda extasiado con el paisaje natural antes de ir a ver a Pepita, llegando tarde a la cita que supone el clímax de la novela. Es cierto que la conversación entre Pepita y Luis esa misma noche también tiene algo de ideal, en concreto por parte de Pepita y su repentina elocuencia, no obstante, esto no quita que Varela se esté burlando de sus personajes principales -más de Luis que de Pepita- toda la obra.
Podemos concluir que Pepita Jiménez supone una crítica a la forma en que se educa a los jóvenes, mostrando como los resultados de una educación vacía y poco práctica para la vida real -como es el caso de Luis- consigue escasos resultados. Así, el profundo misticismo de Luis no es más que una fórmula aprendida que se desbarajusta con la primera muchacha guapa que le hace ojitos.

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