11. LA DE BRINGAS: EL YUGO DE LA APARIENCIA

    


    La de Bringas es probablemente la novela que más trabajo me ha dado de entre todas las lecturas. Con el tedioso detallismo de Galdós y ante la falta de un argumento más allá de la propia vida cotidiana y doméstica es complicado leer más de tres capítulos seguidos. Dicho así esta claro que no soy el tipo de lectora adecuada para Galdós y tampoco el público para el que él redactaba. Pues bien, ni mi aprecio por la minuciosidad -cuasi neurótica- narrativa, mi desinterés por los argumentos desprovistos de acción y el hecho de no pertenecer a la burguesía, hacen de mí un sujeto impasible ante el realismo, ya no hablemos del naturalismo. Ya en la presentación de este blog mencioné que "el garbancero" no es santo de mi devoción, aunque hay que reconocer su calidad como novelista capaz de entretejer historias y reflejar la realidad de su tiempo. 

    Debido a todo lo anterior, la siguiente entrada será más breve que las anteriores, ya que me ha costado encontrar un aspecto de la novela lo suficientemente atractivo para ser digno de mención. Intentando establecer puentes entre Galdós y una servidora, encontré un tema que nunca pasa de moda y persiste en nuestra sociedad aún en el centenario de la muerte del autor: la hipocresía y el yugo de la apariencia. 

    El argumento de la obra consiste en que la protagonista, Rosalía, consume por encima de su capacidad económica prendas y telas para ella y sus hijos. Obsesionada con que su marido no la descubra, sufre y se humilla con tal de mantener a su esposo al margen. Todo esto se sostiene en la pretensión de Rosalía de aparentar lo que no es: una aristócrata. Pase a vivir en Palacio y codearse con la alta sociedad, la de Bringas y su familia pertenece a la clase media. Rosalía no se conforma con su posición, por lo que emula a sus amistades aristócratas y compra artículos de lujo que en realidad no puede costearse sin recurrir al crédito. Curiosamente, los personajes aristocráticos que aparecen, como Cándida o Milagros, están arruinados o en vías de estarlo. Así, Galdós denuncia a través del personaje de Refugio que todo es mentira y apariencia en Madrid. No solo se critica la necesidad de aparentar, sino la hipocresía que hay detrás, siendo el personaje de Rosalía profundamente hipócrita. Es cierto que Rosalía no es la única, también Bringas lo es en el otro extremo, exigiendo sacrificios a su mujer mientras pide un traje nuevo.

    Finalmente, podemos observar una crítica a la clase media española, obsesionada con aparentar y parecerse a la aristocracia, pierde su fuerza de clase. Además, es profundamente conservadora y reacia a los cambios sociales, lo que la estanca. Esto se aprecia en el contexto de fondo de la novela, donde la clase media encarnada por Bringas se muestra reacia al cambio social y la revolución de la Gloriosa, mostrándonos Galdós que no hay peor ciego que el que no quiere ver.

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