12. LECTURA COMPLEMENTARIA: CUENTOS DE CHEJOV

Si quieres expresar con exactitud esta circunstancia: "Desde el río soplaba un viento frío", no hay en lengua humana más palabras que las apuntadas para expresarla.

    Horacio Quiroga expresaba lo anterior en su Decálogo del perfecto cuentista (1927). En el mismo decálogo menciona a Chejov como un maestro del cuento. Efectivamente, tiene sentido que llame a Chejov maestro y apunte como un mandamiento la anterior cita, pues no hay nadie más preciso que cumpla ese requisito como este autor. 
Tanto en La dama del perrito, como Pabellón n.º6 y sus relatos cortos, como Chist y Aniuta, Chejov encuentra siempre la oración exacta con la que transmitir todo lo que quiere decir. 

    Centrándome ahora en el mensaje que quiere transmitir, hay tres aspecto sobre los que merece la pena detenerse: la importancia de existencialismo, el respaldo social de la inmoralidad y los vicios, y el papel de los personajes femeninos.

Existencialismo y filosofía

    El ejemplo que mejor ilustra la presencia del existencialismo y la filosofía entre los cuentos seleccionados es Pabellón n.º6. Es cierto que también encontramos la presencia del existencialismo en La dama del perrito, en concreto cuando el protagonista se mira al espejo y ve sus canas, no obstante, Pabellón n.º6 constituye un cuento con una carga filosófica tremenda. 
Andrei Efímich es un médico de una ciudad de provincia rusa, donde lleva 20 años desempeñando de doctor en el hospital. Encuentra hastío en todo lo que hace y anhela una conversación interesante. Aunque se respalde en la filosofía estoica para sobrellevar su vida, esto no es más que una tapadera para su más absoluta falta de carácter. Resulta paradójico que siendo doctor relativice el dolor y sufrimiento, incluso la muerte, pues la existencia humana es insignificante ante la inmensidad del tiempo. 
Por otro lado, Iván Dimítrich es paciente del hospital, en concreto del pabellón n.º 6, donde tienen encerrados a enfermos mentales. Iván tiene una postura radicalmente contraria a Andrei, podríamos inscribirlo en el nihilismo cuando reivindica el dolor y sufrimiento humano declarando que él ama la vida.
Andrei comienza a hablar con él un día, y, encontrándola la persona más interesante de la ciudad empieza a frecuentar el pabellón. Cuando el personal del hospital se entera, tachan de enfermo a Andrei también. 
Tras ser destituido y de unas funestas vacaciones, vuelve y se encuentra sin casa ni trabajo. Viviendo en unos cuartos de alquiler aguanta un tiempo hasta que le internan en el pabellón junto con Iván tras alzar la voz por primera vez. En pocas horas allí metido se da cuenta de la tortura que ha hecho sufrir a todos los que pasaron por allí en sus 20 años como jefe. Esa misma noche muere, pero antes de morir vuelve a reflexionar sobre la inmortalidad y la muerte en sí, antes de que se lo lleven inerte como anticipaba Iván.
De esta forma Chejov reflexiona y critica la postura estoica desde la posición de la comodidad, expresando a través de Iván y después con la caída del doctor como los que sufren no pueden ser indiferentes al dolor ya que significaría ser indiferente a la vida, y ¿Qué sentido tiene existir si la misma existencia produce indiferencia?

La inmoralidad y los vicios

    En los distintos cuentos nos describe a los personajes varones como inmorales y sumidos en los vicios por lo general. En La dama del perrito el propio protagonista reconoce sin escrúpulos las numerosas aventuras que ha vivido y lo poco o nada que ha apreciado a esas mujeres, además de su hipocresía al tratarlas de inferiores entre hombres reconociendo que solo con ellas se siente él mismo. En Pabellón n.º 6 el protagonista es aficionado a beber y fumar, mientras su amigo lo es al juego, llegando a perder una gran suma de dinero en Varsovia. En Chist y Aniuta, dada la brevedad de los relatos, no aparece de manera explícita esta inmoralidad, pero por el trato de los protagonistas hacia las mujeres y su evidente egoísmo, tanto del periodista al despertar a su mujer de madrugada para que le haga té, como el estudiante que emplea a Aniuta como si fuera una muñeca para sus prácticas pese al frío.     
En todos estos ejemplos vemos como los vicios y aquellos actos que tacharíamos de inmorales pasan desapercibidos para la sociedad en los relatos, normalizándolos e ignorándolos, a excepción de condenas puntuales que escapan de los personajes principales, pese a ser los primeros en contradecirse. Solo un hombre levanta la voz en contra de la perfidia social, Iván Dimítrich, pero él es un loco.

Los personajes femeninos

"La dama del perrito" (1960)
de Iosif Kheifits
    Algo que es común a todos los cuentos, y por ende a la sociedad rusa coetánea a Chejov, es el papel relegado que le toca desempeñar a las mujeres. En La dama del perrito, vemos a Ana como una mujer profundamente desdichada. Su aventura como Gurov no la libera sino que la hace aún más desgraciada. En ningún momento se nos muestra nada más sobre esta mujer, salvo su infelicidad y remordimientos. Su amante no la escucha en realidad, aunque sea la primera mujer que ha amado, pero ella le ama aún así, arriesgando su matrimonio en encuentros fugaces que no tienen solución aparente como indica el final abrupto del cuento.

El resto de mujeres, como la cocinera de Andrei, la esposa del periodista en Chist y Aniuta se limitan a servir, siendo el apoyo de los personajes masculinos. Es más, si no fuera por ellas estos no tendrían nada que hacer y lo peor es que ni ellos mismos se percatan. Observamos esto en que antes de ser internado el doctor, es la cocinera de Andrei quien se encarga de pagar el alquiler; en Chist es la esposa quien asegura un espacio apacible y cómodo al marido, haciendo té y encargándose de los niños día y noche; y por último, Aniuta es tratada de objeto prácticamente, uno que se presta a otro compañero o que se desecha cuando ya no se le encuentra oportuno. No solo eso sino que esta última sirve de títere, además de limpiar y proporcionar sustento. Para empeorar las cosas, este comportamiento con Aniuta no es exclusivo del estudiante, sino que es de suponer que los seis hombres anteriores con los que estuvo la trataron de igual manera.
En cualquier caso, el trato vejatorio y "de segunda" que se da a las mujeres en la obra es un fiel retrato de su situación en la sociedad, siendo la literatura un espejo de la manera de vivir de otras mujeres que nos hacen valorar y defender nuestras condición de seres humanos y no de objetos o criaturas inferiores. 

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