7. CÁNDIDO: EL VIAJE COMO DESCUBRIMIENTO

Mapamundi editado en el s. XVIII por la empresa "Verlag Homann"
    
    De entre todas las lecturas propuestas, ninguna he disfrutado tanto como Cándido de Voltaire. Un libro filosófico pero de acción, de miserias pero de humor, una queja de la humanidad y un grito de esperanza por esta. 

    Los temas que abarca Voltaire en su obra son amplísimos -la crítica a la filosofía de Leibniz, el fanatismo  religioso y la barbarie, o la reivindicación del trabajo y la bondad son solo algunos ejemplos-, pero si hay uno que destaque y mueva la acción es el viaje. Cándido se encuentra constantemente viajando de un lugar a otro. Su viaje comienza para encontrar un lugar en el mundo (tras su expulsión del "paraíso") y huir de la guerra, para después estar impulsado por su deseo de reunirse con Conegunda. Solo hay tres periodos "estáticos" en la obra: el principio, donde se nos muestra la infancia de Cándido; el tiempo que pasa en El Dorado, en el que no se profundiza en demasía (Voltaire se centra tanto en la llegada como en la partida, no en la estancia); y el final, cuando asientan el nuevo jardín. 

    El resto de la obra es muy dinámica, tanto trama como narración, apareciendo y desapareciendo -para después reaparecer en algunos casos- infinidad de personajes con los que Cándido se encuentra mientras va a todas partes y a ningún sitio. Es a través de las vivencias en estas idas y venidas de Cándido, pero también del resto de personajes que le acompañan, como el protagonista va descubriendo el mundo y la naturaleza humana. 
Las distensiones filosóficas llevadas hasta el absurdo son frecuentes en la obra, como lo fueron en la infancia de Cándido auspiciadas por Pangloss. No obstante, toda esta metafísica en torno a la que Cándido vertebra el mundo comienza a desmoronarse con su salida a este. El mensaje de Voltaire es claro en este sentido, si quieres saber como es el mundo y la realidad sal a vivirla. Así, el autor se ríe de las grandes abstracciones sobre la esencia del mundo, provocando que sus personajes descubran la cruda realidad cuando salen de su burbuja. Al pobre Cándido lo fustigan, le vierten deshechos encima, le estafan en repetidas ocasiones, agravan su enfermedad en París, pierde una gran fortuna, huye despavorido en más de una ocasión... Y necesita vivir todo esto para comprender que lo que le habían enseñado de niño poco tenía que ver con la vida real. 

    Además de descubrir que este no es el mejor de los mundos posibles, Cándido también acaba por descubrirse a sí mismo, o al menos descubre habilidades que desconocía poseía. No es hasta que se enfrenta con el mundo y se le presentan circunstancias diferente que descubre su habilidad para el combate por ejemplo. También termina por saber lo que no quiere y la manera en que desea vivir. De esta manera, el autor nos invita a viajar, o por lo menos salir de nuestro reducido ámbito, no solo para conocer otras realidades sino para conocer mejor la propia y comprender quiénes somos y qué queremos. 

    Hay otros ejemplos en la literatura del viaje como descubrimiento -El Hobbit de J. J. R. Tolkien mismamente-, pero la genialidad de la obra de Voltaire hace de esta el ejemplo perfecto de una novela donde el eje narrativo es el viaje, construyendo sus personajes gracias a este. Un viaje accidentado donde Cándido y sus compañeros encuentran mil desgracias, propias y ajenas; un mundo asediado por la hipocresía, el dogmatismo y una filosofía sin fundamento, y, sin embargo, no se pierde la esperanza de construir algo mejor a raíz de todo lo vivido. 

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