METANOVELA: ESCRITURA DENTRO DE LA ESCRITURA (LA NOVELA COMO PROYECTO). Un análisis de LEVIATÁN de Paul Auster
“Nadie puede decir de dónde proviene un libro, y menos que nadie la persona que lo escribe.”
(Austen, 1993).
Paul Auster escribe las anteriores palabras a través de su personaje Peter Aaron, quien a su vez se encuentra escribiendo esas mismas palabras en el manuscrito que pretende desentrañar las circunstancias que llevaron a su mejor amigo a explotar en pedazos en una carretera de Wisconsin. El manuscrito en el que trabaja Peter y que entrega al detective Harris es el mismo que tenemos entre las manos como lectores. Se trata todo de un sutil juego que plantea Auster, un ardid mediante el cual el lector se introduce de lleno en la ficción al encontrarse leyendo exactamente lo mismo que otro personaje más de la novela. Así, Leviatán es una especie de “novela matrioska”. Auster escribe una novela sobre otro hombre escribiendo la misma novela, ambas con el mismo título y referencias autobiográficas que diluyen la frontera entre realidad y ficción.
Ahora bien, ¿Cómo es capaz de levantar este complejo mecanismo? ¿Qué elementos de la novela permiten que resulte verosímil? ¿de qué manera afecta esta construcción a la trama? En adelante trataré de responder estas preguntas, todo con el fin de realizar un análisis crítico sobre la calidad de la construcción narrativa de la novela y su valor sobre la propia historia que relata.
Como ya anticipaba, Auster monta una novela dentro de otra. Uno de los elementos claves a través de los cuales lo consigue es el juego de narradores de la novela. El narrador principal es Peter, quien narra -y escribe- la historia como narrador testigo. No obstante, no es necesariamente testigo de todo lo que narra en el libro, ya que buena parte de la acción, cuyo protagonista primordial es Sachs, se nos da a conocer a través de las historias que le cuentan otros personajes -incluido Sachs- a Peter. En definitiva, Peter escribe la historia de Sachs, -y otros personajes como el de Maria-, sirviéndose de lo que él mismo vive y presencia, de lo que le cuenta Sachs sobre su propia biografía y, por último, lo que le confían otros personajes a Peter sobre Sachs o ellos mismos. Así, el manuscrito que escribe Aaron y que el lector lee es una concatenación de historias sobre hechos, a veces incluso simultáneos, con enfoques muy distintos.
En consecuencia, la historia tiene ciertas lagunas e incluso el propio Peter desconfía de algunos de los relatos que él mismo decide plasmar sobre el papel: “De acuerdo con lo que Lillian le había contado, Ben había vuelto a visitarla dos veces. Eso contradecía lo que él me había dicho” (Austen, 1993). De esta forma Auster construye un relato con serias faltas de veracidad en ciertos puntos pero verosímil. Haciendo un paréntesis, la forma en que Auster construye su obra no dista mucho de la manera en que lo hace Cervantes en su novela ejemplar El coloquio de los perros, donde también se establece un juego de narradores y de historias dentro de otras que hacen desconfiar al lector, pero funcionan de modo que el receptor se introduce de lleno en la historia sin hallar grietas a la lógica argumental, totalmente enrevesada entre las distintas voces por las que va pasando. Auster también emplea este recurso, de forma brillante alterna el relato de Peter con el de otros personajes, recogido y seleccionado por Peter, obteniendo como resultado el manuscrito que leemos, ósea, la novela.
Gracias a la sucesión de los diferentes relatos, en momentos y espacios distintos a veces, en otros simultáneos, nos adentramos en un relato con muchas caras y puntos de vista. No solo eso, sino que sea un personaje involucrado en la trama quien ordene los mismos nos anima igualmente a desconfiar del relato a la vez que nos introducimos más y más en él. La novela en sí se convierte en un elemento tanto extradiegético como intradiegético, el primero porque se encuentra con independencia de la historia (es el texto de Austen), y el segundo porque en sí la novela, la historia de lo acontecido a Sachs, es aquello que da sentido a la manera en que se nos presenta el relato, donde Peter escribe aquello que quiere que se sepa de la historia de su amigo y omite aquello que no quiere que se sepa y nunca llega a revelársenos.
Ya he abordado el difícil entramado de narradores y cómo esta red de confesiones posibilita la existencia de un relato dentro de otro, al sostener la verosimilitud de la historia pese a la dudosa veracidad de algunos. Ahora conviene exponer el juego de espejos del relato, donde abundan los paralelismos y cuyo eje central es la producción literaria de Sachs y su novela El nuevo coloso. Gracias a Aaron conocemos de qué trata la obra de Sachs y su primera y última novela, El nuevo coloso. Pero, lo que podría haber quedado como un elemento más que ayuda a la construcción del personaje de Benjamin va en realidad más allá. Aunque sutiles, hay una serie de paralelismos innegables entre El nuevo coloso y la historia que narra Leviatán. Las fechas coinciden con un siglo de diferencia -la novela de Sachs arranca en el primer centenario de EE. UU. y la de Peter en el segundo-, ambas tienen de fondo el desarrollo de distintos sucesos de la historia de EE. UU. al igual que una crítica a sus valores, y en las dos el elemento conductor del argumento es una suerte de azar y biografías entrelazadas en momentos y circunstancias que se extienden por casi 15 años, donde la Estatua de la Libertad tiene un simbolismo clave:
“El nuevo coloso empieza en el año del primer centenario de Estados Unidos y recorre los principales acontecimientos de la siguiente década y media: (…). Pero también se registran pequeños sucesos, y son estos los que lo convierten en algo más que un rompecabezas de hechos históricos.”
(Austen, 1993).
Al final, Auster hace que la novela de “Peter” sea un reflejo de la novela de Sachs. La gracia de todo ello es que la novela de Peter es la biografía del propio Sachs, casi como si El nuevo coloso se hubiese construido siguiendo los mismos mecanismos por los que acaba articulándose la vida de Sachs, Peter y compañía, quienes no dejan de ser personajes a su vez de otra novela. De esta forma, Auster coloca una novela frente a otra, generando una serie de repeticiones que acaban diluyéndose como al enfrentar dos espejos, donde no queda claro qué es realidad y qué es apariencia. En verdad es casi una burla del propio Auster al lector, quien en la página 59 lee un cuasi resumen del argumento y los temas que aborda la novela que tiene entre las manos pero del que no es consciente hasta que llega a la última página.
En definitiva, Auster introduce en su obra el argumento de una novela (El nuevo coloso) a través de otra novela (manuscrito de Aaron) que toma mucho de los rasgos de la descrita dentro de ella. Igual que en geografía existe el concepto de “triple isla” cuando existe una isla, dentro de otra isla, dentro de otra más, de forma análoga el autor nos ofrece una “triple novela”.
Por último, otro aspecto fundamental de la obra es el protagonismo de la propia escritura y cómo funciona como medio de expresión, pero también de relación con los otros y con el mundo. En cualquier otra novela la escritura es tan solo un soporto para narrar una historia. En el caso de Leviatán, la escritura es un tema más, el único capaz “romper” el transcurso de la historia cuando Peter hace una pausa en la narración solo para apuntar el porqué del título de su manuscrito: “Para conmemorar lo que nunca existirá, le he dado a mi libro el mismo título que Sachs planeaba usar para el suyo: Leviatán” (Austen, 1993). Esto solo tiene sentido en la medida en que ambos personajes principales, Benjamin y Peter, son escritores y su amistad nace de este hecho. La escritura cobra un papel central en la vida de ambos, y la manera en que cada uno se acerca a ella también es revelador de cara a la construcción de la personalidad de cada personaje. Sachs, trabaja de forma ágil, con ideas claras y decisión, mientras que Aaron se ahoga en cada palabra y la duda lo asola, pero aún así persiste y consigue estabilizarse en ella. Para Benjamin el acto de escribir nace de la vorágine interior, para Peter se convierte en un refugio. Además, en ella encuentran, aunque de formas distintas, una herramienta para ganarse la vida, más allá de servirles como método de expresión.
Peter decide escribir la novela como tributo a su amigo a la vez que explica aquellos acontecimientos que él interpreta como decisivos para el trágico desenlace de la vida de Sachs, el mismo que le empuja a escribir y con el que inicia el manuscrito. Su motivación es contar la historia de su amigo de la mejor forma que conoce, mediante una novela. Sin este trasfondo no tendría mucho sentido que Auster decidiese elegir este narrador-escritor para su historia, pues la historia seria la de un hombre que escribe un libro o la de otro explotando por los aires, pero no las dos al mismo tiempo.
Otro ejemplo más de la importancia de la escritura en la relación entre ambos personajes se relaciona directamente con el título del libro y su final. Peter titula al manuscrito “Leviatán” ya que es el nombre de la novela inacabada de Sachs. Benjamin abandona este proyecto, que según Peter habría sido su gran obra, por otro, el que acaba siendo a ojos de Sachs al final del libro su verdadera gran obra. Sachs nunca presume de aquello que escribe, algo por lo que sí le admira Peter, en cambio, Sachs nos aparece por primera vez orgulloso tras proclamarse ante Peter como “el Fantasma de la Libertad”. Es decir, mientras que Peter centra la vida de Sachs en la escritura como lo está la suya, Ben no hace otra cosa que alejarse de la escritura. Al final, la ruptura de Sachs con la escritura representa para Peter su caída y de alguna forma también supone una ruptura entre ambos personajes. En este momento sus caminos se escinden para no volver a juntarse salvo por dos esporádicos encuentros, uno en el que Peter cree acercarse de nuevo a Sachs al verle trabajar en su nueva novela, y el segundo, dos años después, cuando Sachs está plenamente “perdido”. A pesar de ello, Sachs nunca parece sentir esta separación como nos revela un detalle al final del libro y que se relaciona también con el principio, cuando Aaron comenta la suplantación de su identidad en distintos lugares del país firmando sus libros. Todo ese tiempo, cuando Sachs no tenía otra forma de comunicarse con su amigo, utiliza la escritura, en este caso los libros de Peter, para permanecer en contacto con él.
Así, este episodio nos revela dos aspectos importantes de la novela. El primero es la escritura como eje vital y el segundo es la equivocación de Peter en su interpretación de la relación de Sachs con la escritura. Sachs no la abandona por completo, no tendrían sentido que decidiese alejarse de su antigua vida de escritor cuando se hace pasar por uno. Si Peter enfoca mal este hecho, es probable que también lo haga en otros de la novela. De esta forma tan sutil, Austen nos da una pista sobre cuánto podemos llegar a confiar realmente en la historia que escribe Peter.
Para concluir, tanto en su trama con en el uso de aquellos elementos estructurales que forman su esqueleto, la construcción de la novela es coherente y sagaz, ejecutando de manera elegante un verdadero nudo de narradores, historias, perspectivas y verdades a medias, que lejos de restar credibilidad al relato lo refuerzan, dándole una solidez que solo las grandes novelas adquieren. En este sentido Austen es un escritor brillante, mostrando como sencillo aquello que resalta precisamente por su complejidad.
(Este ensayo lo escribí como parte de mi curso de Teoría de la Literatura. Todas las citas han sido extraídas de: Austen, P. (1993). Leviatán. Anagrama)
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