LO FANTÁSTICO EN EL SIGLO XIX FRENTE AL SIGLO XX: Una comparación entre los cuentos de Guy de Maupassant y los cuentos de Jorge Luis Borges

 “El cuento debe ser transparente, y en este sentido cada relato necesita de una atmósfera especial, de un estado de mente apropiado para cada historia, para cada circunstancia”.

Isabel Allende

Los cuentos nos acompañan desde que el hombre es hombre (Cabrera, 2001). Un cuento “vendría a ser una narración breve en prosa que, por mucho que se apoye en un suceder real, revela siempre la imaginación de un narrador individual” (Anderson Imbert, 2007). La realidad es que es complicado dar una definición exacta de qué es un cuento. La razón es que no existe un solo tipo de cuento y mucho menos una sola manera de escribirlos.

Si definir qué es un cuento es complejo, todavía más difícil es acotar un tipo concreto de cuento. En el caso del cuento fantástico, Todorov es el estudioso que mejor ha podido delimitar qué hace que un relato sea fantástico. Según el académico, podemos entender en un sentido amplio lo fantástico como la conexión entre la realidad y lo imaginario, pero en un ámbito menos genérico lo fantástico es “la vacilación experimentada por un ser que no conoce más que las leyes naturales, frente a un acontecimiento aparentemente sobrenatural” (Todorov, 1981). De acuerdo a Todorov, los relatos fantásticos cumplen tres características principales:

“1) hacer aparecer, en un contexto aparentemente normal, acontecimientos o personajes que implican la existencia de fuerzas sobrenaturales negativas y abrumadoras; 2) conferir verosimilitud a los fenómenos y seres sobrenaturales, dotándolos de una lógica propia y ajustándose a las reglas de composición del género; 3) evitar la racionalización total de los fenómenos insólitos, favoreciendo las explicaciones fragmentarias.” (Becker, 1993).

Siendo la primero y la tercera las más importantes. Ahora bien, ¿encajan realmente todos los autores fantásticos en estas características? ¿Hay diferencias entre el siglo XIX y el siglo XX? Si es así, ¿podemos aplicar esta manera de entender el género fantástico al siglo XX?

Tenemos dos grandes ejemplos de cómo se debe escribir un buen cuento: Guy de Maupassant (1850-1893) y Jorge Luis Borges (1899-1986). Ambos autores cultivaron el cuento policiaco y el fantástico, además de ser referentes de su siglo y posteriores. No obstante, hay diferencias notables, no solo en sus respectivos contextos sino también en la manera en que encauzan lo fantástico en sus relatos como veremos. Para poder observar cómo evoluciona de un siglo a otro la manera en que se concibe lo fantástico, compararé los cuentos El Horla y El miedo de Maupassant con Las ruinas circulares y Tlön, Ubqar, Orbis Tertius de Borges.

Antes de comparar los relatos, necesitamos conocer el contexto de cada obra para entender por qué o de qué manera, pese a englobarse todas en el género fantástico, las preocupaciones y experiencias de los protagonistas de estas historias son tan diferentes, paradigmáticas cada una de su tiempo.

1.     Contextos

Maupassant fue un escritor francés de la segunda mitad del s. XIX. Su maestro fue Flaubert y sus coetáneos fueron también grandes escritores como Émile Zola, Henry James, Iván Turgueniev y Edmond Goncourt, con los que tuvo contacto en París (Fernández y Tamaro, 2004). Su cuento Bola de sebo – considerado por Borges como uno de los mejores cuentos de los que había leído en su artículo “Un cuento, joya de la literatura” (1935) – lo convirtió en un reconocido autor ya en su época, al igual que sus novelas naturalistas. Su vida estuvo marcada por la enfermedad y murió joven, pero eso no le impidió experimentar las vicisitudes de este periodo histórico, como fueron el imperialismo, el positivismo científico, el auge de la psicología y la crisis de la modernidad. En sus cuentos fantásticos se depositan los posos de la realidad de finales del s. XIX, en concreto la angustia y la desconfianza ante una realidad que nos es desconocida, no solo de puertas hacia fuera sino que nuestra propia interioridad se vuelve un misterio, algo que genera un gran desasosiego en los personajes.

Por su parte, Borges nace unos pocos años después de la muerte de Maupassant en Buenos Aires. Su tiempo estará marcado a nivel internacional por las dos guerras mundiales y a nivel local por el auge del peronismo y la dictadura de Videla (Fernández y Tamaro, 2004). Debido a estos sucesos, el s. XX es la evidencia de una modernidad ya rota tras la II Guerra Mundial. Las influencias de Borges son infinitas y eclécticas gracias a su constante hambre lectora. De corte más intelectual y filosófico, el mundo literario de Borges se nutre de una realidad destruida y fragmentada que trata de reconstruirse con consciencia de este proceso. Dicho de otra manera, el s. XX está marcado por un horror tan grande que el mundo que surge tras la guerra es diferente y plástico, capaz de moldearse por un nuevo lenguaje y unas nuevas creencias con consciencia de su genealogía.

Podemos apreciar que se tratan de dos contextos muy diferentes, mientras que el s. XIX y Maupassant sospechan de la realidad y la psique humana, el s. XX y Borges se topan con múltiples realidades aún por definir y construir.

Una vez comprendido el contexto de cada obra, analizaremos cada conjunto – Maupassant primero y luego Borges – para comparar los elementos fantásticos de cada uno y así evaluar si existe o no alguna conexión entre ellos y de qué manera se adaptan a la definición que ofrece Todorov sobre qué es lo fantástico en la literatura.

2.     El Horla y El miedo

La segunda versión de El Horla fue publicada en 1887. En este cuento escrito en forma de diario, el narrador-protagonista relata a través de las entradas en su diario cómo un ser invisible aparece en su casa y acaba prácticamente poseyéndolo, al punto que el protagonista no encuentra otra salida salvo el suicidio para librarse de esta presencia sobrenatural que lo acecha: “¡No…, no…, sin duda… no ha muerto… Entonces, entonces… tendré que matarme yo!” (Maupassant, 2010). Maupassant confiere al relato una atmósfera de incertidumbre que se filtra no solo en el pensamiento del protagonista sino también en el del lector. Una por una, las hipótesis racionales – como el posible sonambulismo del protagonista – son desplazadas por la fantástica, la existencia de un ser invisible que controla al protagonista y que es superior al hombre como criatura. La única hipótesis que no desaparece nunca y que permanece latente es la de la locura. Así, el lector debe posicionarse, o bien acepta la existencia de El Horla, o bien asume que el narrador ha perdido la cabeza y El Horla es un producto de su imaginación, un desdoblamiento de su conciencia, un doble de sí mismo que lo atormenta (Becker, 1993).

Otro de sus cuentos, El miedo (1882), narra cómo un hombre que ha vivido cientos de peligro explica qué es el verdadero miedo. Para ello se sirve de dos experiencias de su vida en las que el peligro que vivió era menor en comparación con otras situaciones, pero que el hecho de no conocer bien lo que estaba ocurriendo (como los extraños sonidos de tambores en el desierto) o la sugestión grupal con la supuesta llegada del espíritu de un cazador furtivo a por su asesino, fueron factores más poderosos que la posibilidad de morir ahogado o apaleado para que sintiera verdadero terror: “[el miedo] solo sucede en determinadas circunstancias anormales, bajo algunos influjos misteriosos, ante riesgos indefinidos” (Maupassant, 2010).

En ambos cuentos, los elementos fantásticos resultan una amenaza para los protagonistas pese a no ser atacados en ningún momento – el Horla nunca ataca al narrador (más allá de sus terrores nocturnos) y el supuesto espíritu por venir no tiene como objetivo al protagonista de El miedo . Aun así, la presencia de elementos inexplicables, fuera de la norma, generan un gran miedo y una gran angustia a sus personajes. Lo que atormenta a los personajes de Maupassant es la incertidumbre, es descubrir que la realidad que les rodea se vuelve desconocida al aparecer un elemento exógeno inexplicable. No solo eso, sino que no hay certeza de que ese elemento sea en verdad exógeno y no propio de la mente de los personajes. Maupassant juega con esta dualidad de explicaciones, donde la explicación fantástica es igual de plausible que la posibilidad de que sus personajes se autosugestionen y creen esos seres que les atormentan.

De esta manera, Maupassant cumple a la perfección las tres condiciones que Todorov encuentra en un texto fantástico. Hay seres sobrenaturales que irrumpen y atormentan a los personajes, existe un grado de verosimilitud suficiente y siempre hay más de una explicación posible para entender el relato.

3.     Las ruinas circulares y Tlön, Ubqar, Orbis Tertius

Las ruinas circulares (1940) es un relato igual de bello que complicado. El cuento narra con un estilo muy característico como un hombre desconocido llega a las ruinas de un templo de una antigua deidad en medio de la selva. Sin saber nada de su pasado ni de quién es, trata de soñar un hombre hasta ser capaz de darle vida propia. Para ello pide ayuda al dios Fuego, al que rinde culto hasta conseguir crear un hombre al que envía sin saber nada de su condición de apariencia a otras ruinas río arriba. El cuento no desvela su significado hasta el final, cuando el hombre se adentra en las llamas y descubre que él, al igual que su hijo soñado, es el sueño de otro hombre: “(…) comprendió que él también era una apariencia, que otro estaba soñándolo” (Borges, 2001). Un cuento con estructura circular y un título más que apropiado.

Su otro cuento, Tlön, Ubqar, Orbis Tertius, también parte del conjunto de “El jardín de senderos que se bifurcan” (1941), narra en forma de artículo – al que se le añade una posdata años después dentro de la narración – las averiguaciones del protagonista sobre lo que comienza como la existencia de un supuesto país llamado Ubqar en un tomo de una enciclopedia, cuya literatura versa sobre un planeta fantástico, Tlön. Años más tarde, descubre un tomo de una enciclopedia dedicada a este mundo idealista. En un ejercicio metafísico y filosófico, Borges resume la manera en que funciona el mundo de Tlön. Más tarde, el narrador descubre, de ahí la posdata, que Tlön, al igual que Ubqar, es todo una conspiración de una sociedad secreta que decide inventar primero un país y luego va más allá e inventa un mundo nuevo entero. Esta sociedad trata de escribir la enciclopedia completa de Tlön en el enrevesado idioma que atribuyen a este mundo, la obra resultante es el Orbis Tertius. Además, empiezan a aparecer elementos propios del mundo inventado Tlön, lo que lleva al narrador a afirmar que en un siglo “el mundo será Tlön” (Borges, 2001).

Al contrario que Maupassant, Borges no liga lo fantástico a lo tenebroso o a fuerzas malignas. Ni siquiera la locura o la sugestión son temas a tratar. Por el contrario, lo fantástico en Borges es conceptual. Causa extrañeza tanto por su estilo como por la construcción de mundos y fábulas a partir de conceptos metafísicos, lingüísticos y filosóficos. Los cuentos fantásticos de Borges son un juego, un enigma por resolver para el lector, lo que provoca que sus textos sean herméticos y contengan una gran variedad de símbolos y metáforas (Becker, 1993).  Para Borges “la novela fantástica debe ser un juego preciso de vigilancias, ecos y afinidades. Todo episodio en un relato cuidadoso es de proyección ulterior" (Becker, 1993). Mientras que Maupassant utiliza los aspectos fantásticos como un elemento disruptivo de la realidad con el que plantear los problemas de la interioridad humana, Borges ofrece un mundo donde todo es susceptible de transformarse en fantástico, desde la metafísica hasta el propio ser humano como apariencia.

Así, Borges no cumple con lo que Todorov considera como fantástico de acuerdo a las características que ofrece el académico. Paulo Becker, profesor de la Universidad de Passo Fundo, sugiere que esto se debe a que Maupassant encaja en el género fantástico tradicional, propio del s. XIX y que casa a la perfección con la teoría de Todorov; mientras que Borges y la narrativa fantástica del s. XX sería el género fantástico moderno, el cual se nutre del tradicional en aspectos como la extrañeza pero que toma la definición más general de fantástico, la relación entre lo real y lo imaginario (Becker, 1993).

4.     Conclusiones

Como dijo Isabel Allende, cada cuento necesita una ‘atmósfera especial’ que varía según las circunstancias. Las circunstancias de Borges (s. XX) son diferentes de las de Maupassant (s. XIX), en consecuencia, lo fantástico no puede tratarse de la misma manera. Pese a utilizar elementos anclados a la imaginación, los cuentos fantásticos surgen de contextos reales, de las problemáticas y el paradigma de la época en la que son escritos. Aunque el tiempo que pasa entre Maupassant y Borges es relativamente pequeño, sus mundos son totalmente diferentes. Maupassant sigue encontrando una realidad a la que aferrarse a pesar de la desconfianza que tiene hacia la misma y sobre la manera en que la percibe. En Borges ya no hay tal realidad, el autor es capaz de crear un universo propio rico donde el lector se adentra para descubrirlo, eso es lo fantástico en Borges y el s. XX, la capacidad de moldear el mundo y la susceptibilidad de sus elementos para volverse fantásticos.


BIBLIOGRAFÍA

-        Anderson Imbert, E. (2007). Teoría y Técnica del cuentohttps://docenti.unimc.it/amanda.salvioni/teaching/2020/22528/files/herramientas-para-el-analisis-de-los-textos-literarios/enrique-anderson-imbert_teoria-del-cuento

-        Becker, P. (1993). O fantástico em Maupassant e Borges. Letras de Hoje, v. 28 (n. º3), p. 87- 99. https://revistaseletronicas.pucrs.br/ojs/index.php/fale/article/view/16027/10506

-        Borges, J.L. (2001). Ficciones. Bibliotex.

-        Cabrera Infante, G. (2001). Y va de cuentos. Letras libreshttps://letraslibres.com/revista-mexico/y-va-de-cuentos/

-        Fernández, T. y Tamaro, E. (2004). Biografía de Guy de Maupassant. Biografías y Vidas. La enciclopedia biográfica en líneahttps://www.biografiasyvidas.com/biografia/b/borges.htm

-        Fernández, T. y Tamaro, E. (2004). Biografía de Jorge Luis Borges. Biografías y Vidas. La enciclopedia biográfica en líneahttps://www.biografiasyvidas.com/biografia/b/borges.htm

-        Maupassant, G. (2010). Cuentos esenciales. Debolsillo.

Todorov, T. (1981). Introducción a la literatura fantásticahttps://docenti.unimc.it/amanda.salvioni/teaching/2019/20623/files/bibliografia-complementaria/todorov_introduccion-a-la-literatura-fantastica

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