¿ES BESTIARIO DE JULIO CORTÁZAR UN BESTIARIO CANÓNICO?

En este ensayo también participó mi amigo Alejandro Méndez.

¿En qué medida es Bestiario (1951) de Julio Cortázar un bestiario canónico? Comparación entre Bestiario (1951) de Julio Cortázar y Bestiario fantástico (1977) de Juan Perucho.

Bestiario (1951) de Julio Cortázar y Bestiario fantástico (1977) de Juan Perucho son dos obras de autores coetáneos – segunda mitad del siglo XX –, en las cuales se recogen un conjunto de relatos breves en los que intervienen una serie de ‘bestias’ o seres monstruosos. No obstante, existen notables diferencias en su contenido y en cómo cada uno de los autores ejecuta su propio bestiario. Mientras que Perucho cuenta la historia de la primera aparición de una serie de monstruos ‘fantásticos’, Cortázar construye una obra muy diferente, donde cada cuento de la antología es distinto, sin relación entre ellos y con historias y temas propios, dejando casi de lado a los animales y las ‘bestias’. Ante esto, surge la siguiente cuestión: ¿en qué medida es Bestiario (1951) de Julio Cortázar un bestiario canónico?

La pregunta es compleja por varios motivos. Para empezar, hay que establecer qué consideramos por ‘canónico’. En el caso de los bestiarios, el canon de esta obras se remonta a la Edad Media, momento de su surgimiento y consolidación como género. Sin embargo, sería muy complicado comparar un bestiario medieval como el Bestiario de Aberdeen, el cual se remonta a la Inglaterra del siglo XII, con una antología de cuentos de un autor argentino del siglo XX. La razón es que los horizontes de ambas obras están tan alejados que las conclusiones que podríamos extraer serían bastante pobres. Debido a ello, hemos preferido comparar a Cortázar con Perucho, porque sus horizontes son mucho más cercanos y las conclusiones serán en consecuencia mucho más interesantes. No podemos decir que Bestiario fantástico sea canónico, pero de acuerdo con nuestra tesis, Perucho se acerca más a lo que sería el ‘canon’ de un bestiario como trataremos de demostrar más adelante.  

Así, nuestro corpus se compondrá de tres relatos de cada obra, un total de seis cuentos. De Bestiario, hemos elegido “Cefalea”, “Circe” y “Bestiario”, mientras que de Bestiario fantástico analizaremos “El Alejo”, “Jezabel” y “Pamphilio”.

1.     Marco teórico

Antes de poder analizar el corpus seleccionado, necesitamos aclarar qué es un bestiario como ya hemos planteado anteriormente.

Los bestiarios eran obras que aunaban descripciones e ilustraciones sobre animales -a veces incluso plantas-, ya fueran reales o fantásticos. Estos animales tenían una interpretación alegórica, de manera que permitían “describir el simbolismo oculto de los seres que pueblan la naturaleza” (Urdapilleta, 2014), todos como parte de la Creación, es decir, parte de un sistema ordenado y creado a partir de la voluntad de Dios. 

Surgieron a partir del siglo XI en Europa, en concreto fueron muy populares en Inglaterra y Francia, donde en los siglos XII y XIII iría perdiendo peso su valor alegórico-moral cristiano para dar paso a una interpretación cortesana en el Bestiario de Cambrai o en el Bestiario de amor (Urdapilleta, 2014).

El antecedente y precursor de los bestiarios medievales fue el Physiologus, una obra escrita en griego en la Antigüedad tardía, cuyo autor desconocemos. El Physiologus, además de contener información sobre fauna y flora, tenía una estructura concreta que también imitaron los bestiarios. Su estructura era la siguiente:

“una sucesión de pequeños apartados o capítulos, de número variable según las versiones -las más primitivas cuentan con cerca de cincuenta-, que exponen, a partir de una cita del Antiguo Testamento que sirve frecuentemente de introducción, determinados aspectos de la “actividad natural” de una serie de animales o, en menor medida, piedras o plantas, ya sean reales o imaginarios. A continuación se añade una alegorización de tono didáctico-moraldoctrinal cristiano inspirada, más o menos estrictamente, en las observaciones naturales previas. De este modo, los animales se identifican con Cristo o con el Diablo, con el pecador o con el hombre justo” (García, 2014).

Los bestiarios siguieron esta estructura a menudo, careciendo de un orden lógico y manteniendo su espíritu didáctico-moral casi hasta el final de la Edad Media. Aparte del Physiologus, también se inspiraron en otros textos como:

“las Etimologías de san Isidoro, el Hexámeron de San Ambrosio, Acerca del Universo de Rábano Mauro y Acerca de las aves de Hugo de Fouilloy e, indirectamente, (...) de autores clásicos —la Historia natural de Plinio, la Historia de los animales de Eliano, y la Colección de hechos memorables de Solino— así como de la poesía épica, mitos y los Apócrifos del Antiguo Testamento” (Urdapilleta, 2014).

En resumen, los bestiarios tenían una función didáctica y religiosa fundamental, siendo su objetivo brindar ejemplos a sus lectores a la vez que servían de “panegírico de la gloria de Dios” (Urdapilleta, 2014). No solo eso, sino que con el tiempo su función de entretenimiento fue creciendo y a finales del medievo llegó a tener una función cortesana. 

No se debe confundir a los bestiarios con manuales o tratados de zoología, ya que no tenían un fin científico y muy pocas veces brindaban consejos o información sobre el animal que no estuviera relacionada con su carácter simbólico. Eso no quita que con posterioridad se los tomara de referencia, en especial las crónicas de las Indias del s. XVI (Urdapilleta, 2014).

2.     Horizonte y contexto de cada obra

Tras aclarar qué es un bestiario, nos centraremos ahora en el horizonte y el contexto en el que fueron creadas las obras de cada uno de los dos autores.

Primero hablaremos sobre Julio Cortázar, quien publicó Bestiario en 1951 en Buenos Aires (Argentina), lugar de origen del autor. En cuanto a la realización de la obra, debemos tener en cuenta las razones por las que elige realizar un bestiario para contar el tipo de historias que cuenta, ya que resulta ciertamente críptico el hecho de denominarlo de esta manera.

Una de las posibles razones se encuentre en el contexto literario de su época, dado que algunos escritores hispanohablantes del momento, sobre todo hispanoamericanos, empezaron a escribir distintos tipos de bestiarios, como puede ser el caso de Bestiario de Juan José Arreola, autor mexicano (Yelin, 2008). De esta manera, puede que siguiera esta tendencia dado el contexto literario del que formaba parte.

Además, Cortázar ha afirmado haber escrito muchos de los relatos de la obra como una forma de autoayuda o auto terapia de carácter psicoanalítico, puesto que mientras escribía muchos de los cuentos que aparecieron en esta obra afirma haber sufrido distintos síntomas neuróticos (Pinotti, 2015). Esto se puede ver en relatos como “Cefalea”, donde muestra esta inestabilidad mental y cómo la salud mental es mucho más importante de lo que parece, en especial dados los efectos que la misma tiene sobre la persona y sus responsabilidades.

Por otro lado, encontramos el horizonte de Juan Perucho, quien publica Bestiario fantástico en 1977 en España, dos años después de que terminase la dictadura franquista tras la muerte de Francisco Franco en noviembre de 1975. Este factor es clave, ya que el fin de la dictadura le permitió incluir pequeños poemas en catalán en su obra para completar los relatos (como ocurre con “Pamphilio”).

Sobre el contexto cultural y literario español en el que Perucho escribe, lo que predominaba era el realismo, por lo que su producción literaria estuvo más bien influenciada por las tendencias fuera de España (Ferrer, n. d.). No sería extraño que una de sus influencias hubiera venido de Hispanoamérica, en concreto de Arreola o Cortázar, pero no podemos afirmar tal cosa.

3.     Bestiario y Bestiario fantástico

Ya aclarado qué entendemos por un ‘bestiario canónico’ y el horizonte de cada uno de los autores, ahondaremos en los elementos de cada una de las obras.

En el caso de Bestiario de Cortázar, profundizaremos en los relatos “Cefalea”, “Circe” y “Bestiario” como ya hemos comentado.

“Cefalea” es un cuento muy particular. En el relato, los personajes se dedican a criar ‘mancuspias’, una especie de bestia o animal que inventa Cortázar – siendo una de las pocas bestias en sí que aparecen en Bestiario – que se caracterizan porque provocan enfermedades a quienes interactúan o se acercan a ellas, de manera que criarlas es un trabajo arduo pero bien recompensado. Lo curioso del cuento es su extraño narrador en primera persona del plural. Este narra los diferentes cuidados que requieren las mancuspias, pero también los que “ellos” mismos requieren, todos relacionados con diferentes medicamentos homeopáticos para distintos síntomas relacionados con el dolor de cabeza, desde vértigos hasta fuertes cefaleas. Lo extraño radica en que los otros dos personajes que aparecen, también cuidadores de estos animales, no se incluyen en el “nosotros”, sino que el narrador se refiere a ellos en tercera persona: “ahora sospechamos que la inquietud de las mancuspias obedece a falta de agua fresca, a la ausencia de Leonor y el Chango” (Cortázar, 2017). Sabemos además que el narrador vive en La Pampa – una región aislada – con los animales y que se queda aún más solo cuando los otros dos criadores no vuelven a la casa y le dejan incomunicados. No solo eso, sino que antes incluso de cuidar a las mancuspias visitó a un doctor en Buenos Aires, el cual le pide que escriba sobre su estado: “Creemos necesario documentar estas fases para que el doctor Harbín las agregue a nuestra historia clínica” (Cortázar, 2017). Al final, el aislamiento hace que los síntomas del narrador empeoren, no solo eso, sino que conforme se deteriora su salud también lo hace el estado de las mancuspias, que acaban muriendo por inanición. El cuento es muy ambiguo, pero una posible interpretación es que realmente las mancuspias no provocaran estas enfermedades, sino que el protagonista tiene un trastorno de personalidad múltiple.

En “Circe” existe un palimpsesto evidente con la Odisea de Homero, en la que la protagonista, Delia Maraña, es una referencia a Circe, la hechicera capaz de convertir a los hombres en animales a través de pociones. De esta manera, al principio del relato se nos cuentan las habladurías sobre Delia y las extrañas circunstancias en las que murieron sus dos antiguos novios. Más adelante, al igual que Circe brinda comida a los hombres de Odiseo en el relato homérico, Delia ofrece a Mario (el protagonista) diferentes tipos de bombones y licores que ella misma fabrica. Además, en el relato a menudo se menciona la relación de Delia con los animales, a los que parece tener sumisos a su control: “todos los animales se mostraban siempre sometidos a Delia” (Cortázar, 2017). Al final, Mario descubre que los bombones que Delia le prepara contienen cucarachas en su interior, lo que provoca que intente matarla aunque al final no lo haga para disgusto de los propios padres de Delia: “Tuvo lástima de los Mañara que habían estado ahí agazapados y esperando que él – por fin alguno – hiciera callar a Delia” (Cortázar, 2017).

Para concluir con Cortázar, encontramos “Bestiario”, una obra que, al igual que las anteriores, mezcla el realismo con elementos que producen una fuerte extrañeza para el lector pero que los personajes asumen como parte de la realidad. En este caso, es la presencia de un tigre que merodea por una mansión. El cuento narra cómo Isabel, su protagonista, pasa el verano con sus parientes. La narración muestra desde la perspectiva de la niña cómo Rema y su hijo Nino sufren abusos por parte del Nene (el hermano de Rema). La presencia del tigre es totalmente clave, debido a que los personajes tienen que estar atentos a los movimientos del animal, ya que se desplaza por el interior y el exterior de la casa libremente, para no cruzarse con él: “Aprendió pronto lo que de veras importaba: verificar previamente si se podía salir de casa o bajar al comedor de cristales” (Cortázar, 2017). Además del tigre, son importantes los insectos, como las hormigas que encierra en un formicario, las cuales sirven para expresar el estado de ánimo de Isabel: “Y le gustaba repetir el mundo grande en el de cristal, ahora que se sentía un poco presa” (Cortázar, 2017). Al final, Isabel decide mentir sobre dónde está el tigre para que este ataque al Nene, lo que Rema le agradece.

En el caso de Bestiario fantástico de Juan Perucho, nos centraremos en los relatos de “El Alejo”, “Jezabel” y “Pamphilio”.

 “El Alejo” trata de una especie de monstruo que aparece en época de la Ilustración, el cual es de suma importancia para los estudiosos de este periodo dada su capacidad de hablar lenguas prerrománicas. Su primer descubridor, el marqués de Valdeflores, decide mantener en secreto su existencia y lo esconde en un armario mientras el Alejo le ayuda con sus trabajos académicos: “se convirtió en un maravilloso auxiliar para la clasificación de los alfabetos desconocidos” (Perucho, 1977). Más adelante, otros académicos deciden también mantener en secreto la existencia, no solo del Alejo, sino también de otros monstruos según el narrador. Este narrador es el propio Perucho, el cual decide incluir en el relato el fragmento de su discurso de ingreso a la Real Academia de Buenas Letras La zoología fantàstica a Catalunya en la cultura de la Il-lustració (Barcelona, 1976). Justo en este discurso menciona al Physiologus: “la zoología fantástica viene prestigiada por el mundo clásico y, posteriormente, por los repertorios medievales derivados del enigmático Phisiologus” (Perucho, 1977). De esta manera, vemos un elemento de metatextualidad que nos permite establecer una conexión directa entre Perucho y los bestiarios medievales.

Por otro lado, “Jezabel” es un relato que informa sobre un monstruo que aparece únicamente en los sueños. Este monstruo fue descrito por Hervet de Saint-Denys, marqués de este mismo lugar, quien sufría de la aparición de esta criatura en sus sueños. Lo define como un monstruo de figura femenina, sumamente abultada y que en los sueños parece como reptar muy silenciosamente (Perucho, 1977). El relato narra además cómo intentan tomar a través de un experimento una fotografía de Jezabel, un monstruo de por sí invisible pero que acecha al marqués. Al final, Perucho cuenta cómo la ciencia trata de ocultar cualquier rastro del suceso ya que es inexplicable para esta. De este relato es importante el título y nombre del monstruo, “Jezabel”, que corresponde con el de una princesa del Antiguo Testamento. De nuevo, otra influencia clara en el bestiario de Perucho, pero también en los medievales, la Biblia.  

Para finalizar con la obra de Perucho, encontramos “Pamphilio”, que trata sobre un monstruo, con el mismo nombre, creado por el mago Barjesús para amedrentar a los cristianos de la isla Pafos. Estaba cubierto de escamas de pez y era un animal terrestre (Perucho, 1977). Sus andanzas duraron hasta que la Iglesia de Chipre se impone en la isla tras un milagro de San Pablo, lo que provocó que el monstruo se arrepintiera y volverse cristiano para servir al apóstol: “Pamphilio, al contemplar el milagro inaudito, lloró amargamente arrepintiéndose (…), asimismo decidió pasarse al bando de los cristianos” (Perucho, 1977). Así, Pamphilio se encargaría de seguir al apóstol allá por dónde fuera como su guardián. De nuevo, la Biblia es una influencia explícita en Bestiario fantástico.

En definitiva, mientras que en la obra de Perucho podemos encontrar un tema común a todos los relatos – la impresión de los monstruos en los humanos y su relación con ellos –, en Bestiario no hay un solo tema, sino que cada cuento tiene un tema, como la obsesión en “Cefalea”, el engaño y la seducción en “Circe” o la prisión del abuso en el hogar en “Bestiario”.

4.     Análisis comparatista

Con todos los elementos anteriores, ya podemos analizar las obras para responder a nuestra pregunta de investigación: ¿en qué medida Bestiario (1951) de Julio Cortázar es un bestiario canónico?

Para poder comparar a Perucho y Cortázar nos apoyaremos en dos preguntas:

  • ¿Cuál de los dos es más fiel a lo que son los bestiarios medievales? Exploración y evolución del género.
  • ¿Quiénes son las ‘bestias’ y cuál es su papel? La ironía y la alteridad.

Estas cuestiones nos servirán como ejes comparatistas para encontrar los puntos en común y las diferencias entre ambos autores.

¿Cuál de los dos es más fiel a lo que son los bestiarios medievales? Exploración y evolución del género.

Como ya hemos visto en el marco teórico, los bestiarios medievales tienen una estructura y unas funciones concretas arraigadas en el dogma cristiano y la visión teocéntrica del mundo medieval. En la actualidad, los bestiarios se encuentran desarraigados de este origen y no cumplen con su propósito inicial de mostrar la creación de Dios ni de servir de ejemplo didáctico para una vida cristiana. En otras palabras, los bestiarios contemporáneos se han “desacralizado”. Aun así, podemos observar la perduración de algunos elementos y la transformación de otros en los bestiarios modernos.

El elemento principal de todos los bestiarios es, naturalmente, los animales o ‘bestias’. En el caso de los bestiarios medievales, son el principal y único elemento a tener en cuenta. Ya en la contemporaneidad, vemos cómo esto se ha transformado. Es cierto que los animales siguen en el centro, pero ahora se articula una trama en torno a ellos. Mientras que los bestiarios típicos solo aportan características que sirven a una lectura alegórica, en el presente los autores generan historias a partir de estas ‘bestias’. 

En el caso de Bestiario fantástico, Joan Perucho crea una serie de seres (el Alejo, Jezabel y Pamphilio), pero en vez de detenerse en las características de cada uno decide generar el relato del primer avistamiento de cada uno. Así, los ‘monstruos’ que crea Perucho son el eje principal de la historia, siendo uno de los temas la impresión que generan en su espectador y la relación que establecen con él, desplazándose la atención de los animales a estas personas.

Por su parte, Cortázar también emplea animales en sus cuentos, pero tienen aún menos protagonismo que en los relatos de Perucho. En “Cefalea”, las mancuspias son la principal preocupación del protagonista (o protagonistas según se entienda la voz del narrador), pero el tema principal no es el cuidado de estas sino de sí mismo y su paulatino desgaste físico y mental, razón de la muerte de los animales. En el caso de “Circe”, el hecho de que Mario descubra los insectos en los bombones o el gato maltratado desencadena el final del cuento, es decir, los animales son un elemento clave pero no son los protagonistas. En su otro cuento, “Bestiario”, el tigre y las hormigas son aspectos imprescindibles para la trama y para el sentido alegórico del relato, pero al igual que con los otros relatos, el peso de los personajes es siempre mucho mayor. 

Otro punto de evolución respecto de los bestiarios originales es el género. Los bestiarios medievales constituían un género propio con características particulares e identificables como son su estructura, contenido e intención. En la actualidad, los bestiarios modernos no son un género propio y unificado, sino más bien un subgénero amplio. Debido a los elementos sobrenaturales o imaginarios que acostumbran a incluir, se les suele incorporar en la literatura fantástica, algo que tiene sentido dado que Perucho decide añadir el adjetivo “fantástico” al título de su bestiario. Sin embargo, si tomamos la definición de género fantástico de Todorov, los bestiarios modernos no se ajustan bien, ya que ni en Perucho ni en Cortázar existe ese elemento de vacilación entre una explicación racional y otra sobrenatural. Por eso, si nos guiamos por el académico deberíamos clasificarlos dentro del género de lo maravilloso (Todorov, 1981). 

Para terminar este eje del trabajo, solo nos queda referirnos a la estructura. Los bestiarios medievales siguen el esquema del Physiologus como ya hemos visto. Esto quiere decir que sus capítulos son azarosos y no siguen ningún orden progresivo. Además, en su estructura interna la alusiones a la Biblia son imprescindibles y las ilustraciones también eran elementos importantes. 

En el caso de Bestiario fantástico y Bestiario, ambas obras cumplen con la estructura externa modélica, es decir, no hay un orden claro ni definido sobre qué relatos deben ir antes o después. 

Ya en la estructura interna encontramos las diferencias. Perucho otorga una estructura muy parecida a todos sus relatos, empezando con los datos concretos sobre el primer avistamiento de la criatura e incluyendo poemas (en latín o en catalán) que tienen que ver con el monstruo, es decir, hay un patrón entre unos relatos y otros como lo había en los bestiarios medievales. Además, algunos de los relatos incluyen ilustraciones de estos seres, al igual que los bestiarios originales. No solo eso, sino que hay referencias a la Biblia en dos de los relatos. En “Jezabel” el nombre del monstruo es el de una reina del Antiguo Testamento como hemos mencionado antes, pero no se trata ningún tema judeocristiano explícitamente sino que habla del sueño y la psique humana. En cambio, en “Pamphilio” aparece expresamente San Pablo como personaje, quien está presente en los Hechos de los Apóstoles. Decir que los relatos de Perucho son alegorías didáctico-morales cristianas sería una decodificación aberrante, pero sí existen elementos de hipertextualidad de acuerdo con las teorías de Gennette. Hay una imitación consciente, no solo de las Sagradas Escrituras, sino también de los propios bestiarios medievales en Bestiario fantástico de Perucho como revela además su mención del Physiologus.

En Cortázar es más complicado afirmar lo mismo. Los relatos tienen estructuras muy diferentes entre sí, como se hace evidente en el uso de un narrador diferente en cada uno de ellos. A parte de no haber ilustraciones, las referencias al cristianismo son nulas. Eso no quita que también comparta elementos de hipertextualidad con otras obras (mismamente La odisea de Homero en su cuento “Circe”), pero no existe esa conexión con los bestiarios medievales como sí la hay en Perucho.

¿Quiénes son las ‘bestias’ y cuál es su papel? La ironía y la alteridad.

Otro punto crucial para comparar los relatos son las criaturas. Los animales en los bestiarios medievales son una excusa como ya hemos visto para transmitir una enseñanza religiosa, estableciendo una dicotomía entre el Bien (animales nobles) y el Mal (animales ‘malignos’ o perturbadores).  Esto encaja con el diccionario de símbolos de Cirlot (1992), quien en la acepción ‘animal’ dice: 

“mientras el hombre es un ser equívoco (enmascarado), el animal es unívoco, posee cualidades positivas o negativas constantes, que permiten adjudicarlo a un modo esencial de manifestación cósmica”.

En los bestiarios modernos no hay blanco o negro como en los medievales. Por ejemplo, Pamphilio es un monstruo creado por un mago malvado para cometer el mal que acaba siendo un aliado de la Iglesia en el relato de Perucho; Jezabel es un ser que habita en los sueños y que el narrador describe así: “era monstruosa, pero no terrorífica” (Perucho, 1977); y el Alejo a su vez es un extraño ser que no es ni bueno ni malo, pero su cualidad de hablar lenguas prerrománicas hace que el marqués le tenga aprecio. Así, mientras que en los bestiarios medievales la conclusión sobre cada criatura es clara, en Perucho la ironía inunda los relatos. No solo eso, sino que aparece la alteridad. Mientras que en los bestiarios originales solo se presenta al animal, en Perucho aparece el animal junto con un ser humano, el cual establece una relación con un ser radicalmente distinto en apariencia y cualidades. Esta relación siempre causa sorpresa en los humanos, miedo al principio en el caso del “Pamphilio” o de “Jezabel”, pero al final de todos los relatos el que acaba consiguiendo algún tipo de beneficio es el humano y nunca el monstruo.

En Bestiario de Cortázar de nuevo surge la misma duda: ¿quiénes son las bestias? Al igual que en los bestiarios medievales, tenemos animales reales como el tigre o las cucarachas, pero también imaginarios como las mancuspias. Aun así, ya hemos mencionado que su relevancia radica en su simbología y en que empujan la trama, pero de por sí no tienen la cualidad de ser buenos o malos. El tigre de Bestiario es símbolo del acecho y la amenaza – un motivo recurrente en los otros cuentos también –, las mancuspias de las preocupaciones y obsesiones y los animales en “Circe” están a la merced de Celia como lo está Mario. Las verdaderas bestias, las que provocan el mal y generan una impresión son los propios personajes. En Cortázar ya no hay monstruosidad y alteridad entre humanos y criaturas, las hay directamente entre seres “iguales” que establecen divisiones entre ellos por sus caracteres, pero sobre todo por sus actos. 

En definitiva, mientras que Perucho sigue encarnando a las bestias en criaturas no humanas -aunque con cierta ironía-, Cortázar decide que sus monstruos sean rostros humanos. Es más, la alteridad en Cortázar es casi perversa respecto a la que establece Perucho ya que, en Bestiario, los otros son personas como nosotros y no animales o criaturas fantásticas, lo que significa que dentro de las personas -incluyendo las más cercanas y a uno mismo- existe esa maldad que los bestiarios medievales advertían en bestias alegóricas. Para Cortázar no hay alegoría, nosotros somos las bestias. 

Conclusiones

La respuesta a nuestra pregunta sería no, Bestiario de Cortázar no es un bestiario canónico si tomamos de referentes los bestiarios medievales. Tampoco lo es Bestiario fantástico de Perucho, pero en el caso del autor catalán sí que podemos trazar un hilo conductor entre los bestiarios originales y su obra dada la influencia tanto de la Biblia como del Physiologus. 

El caso de Cortázar supone una innovación, una nueva manera de entender los bestiarios desde una perspectiva moderna que traslada el Mal de lo alegórico a lo cotidiano. Con Cortázar se confirma lo que los bestiarios medievales advertían en forma de símbolos, que lo monstruoso habita dentro de las propias personas. Es más, el escritor argentino también aborda la alteridad, donde el otro es una persona y no un ser, donde cada uno somos el otro para los demás. El monstruo puede ser un familiar o tu pareja, pero también puedes serlo tú mismo.


BIBLIOGRAFÍA

-        Cirlot, J. E. (1992). Diccionario de símbolos. Editorial Labor.

-        Cortázar, J. (2017). Bestiario. Alfaguara.

-        Ferrer, J. (n. d.) Biografía Joan Perucho. Associació d'Escriptors en Llengua Catalana. https://www.escriptors.cat/autors/peruchoj/biografia-joan-perucho

-        García Arranz, J. J. (2014). El Physiologus como fuente gráfico-textual de la emblemática animalística de la Edad Moderna. Janus (3), 73-114. https://www.janusdigital.es/descargar.htm;jsessionid=4BABE96769F08C90E41ADB3AAF3D9E8C?id=39

-        Perucho, J. (1977). Bestiario fantástico. Cupsa Editorial.

-        Pinotti, G. R. (2015). Apunte 3: Cortázar, neurosis y literatura. Letras y cuentos. http://grpinottiletrasycuentos.blogspot.com/2014/12/apunte-3-cortazar-neurosis-y-literatura.html

-        Urdapilleta Muñoz, Marco. (2014). El bestiario medieval en las crónicas de Indias (siglos XV y XVI). Latinoamérica. Revista de estudios Latinoamericanos, (58), 237-270. http://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1665-85742014000100010&lng=es&tlng=es.

-        Todorov, T. (1981). Introducción a la literatura fantástica. https://docenti.unimc.it/amanda.salvioni/teaching/2019/20623/files/bibliografia-complementaria/todorov_introduccion-a-la-literatura-fantastica

-        Yelin, J. R. (2008). Nuevos imaginarios, nuevas representaciones. Algunas claves de lectura para los bestiarios latinoamericanos contemporáneos. LLJournal (n.º 1, volumen III). https://lljournal.commons.gc.cuny.edu/nuevos-imaginarios/

  

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